La industria de la animación japonesa está en uno de sus puntos más críticos.

No es un secreto que muchos estamos indignados por la calidad que Dragon Ball Super tuvo este capítulo pasado. Muchos esperaron ansiosamente, otros no veíamos venir el regreso de Goku y sus amigos después de la derrota de Majin Buu. Sin embargo lo que hemos visto en estos primeros capítulos ha sido un breve resumen de “Dragon Ball Z: La Batalla de los Dioses”, por ahí nadie ha tenido problema realmente ya que el anime empezó a su ritmo.

El problema surgió claramente en su quinto episodio, emitido el pasado domingo 9 de agosto y que “destacó” de todos por la pobre animación y la mala calidad en los dibujos, especialmente de Goku. Para ello, el animador francés Thomas Romain, el cual ha entrado en contacto con la animación japonesa ya que es de los pocos animadores extranjeros trabajando en esa gran industria nos comparte algunos interesantes puntos que podrían ser el causante de esta pobre calidad mostrada.

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Thomas Romain, animador francés y uno de los pocos extranjeros que trabaja en la industria de la animación japonesa, ha dado algunos interesantes apuntes sobre este posible resultado en la calidad de Dragon Ball Super.

Según comentó el diseñador, y no es un secreto ya que hasta los grandes Hayao Miyazaki y Hideaki Anno, el creador de Evangelion lo dijeron alguna vez, la situación actual de la industria de animación japonesa es grave. El ambiente de trabajo ya se ha revelado y comprobado ser muy duro, demandante, con condiciones laborales aveces deplorables y en sí, un ambiente que no ayuda a la mejoría en la calidad.

En Japón la industria de la animación es muy autónoma. Los estudios son pequeñas empresas y están atadas a los presupuestos que sus clientes desean poner, como sabemos, generalmente estos son bajos. Según continúa Thomas Romain, “los animadores, para poder vivir de su profesión, tienen que trabajar rápido y en varias producciones al mismo tiempo, ejerciendo su labor en varios estudios simultáneamente”. En realidad los animadores trabajan en varios proyectos que consumen su tiempo, y peor aún esto no les ayuda a asegurar que la calidad de los mismos sea la más óptima, pues ocupan comer.

“No hay suficientes animadores con habilidad y experiencia que puedan supervisar los proyectos y forjar a los animadores más jóvenes. Al final, los estudios cuentan únicamente con personas amateur que se dedican a la animación como un hobby y no de forma profesional.” concluyó el animador Thomas Romain

Es una pena, pero Dragon Ball Super tampoco se escapa de esta difícil situación que deben vivir los animadores en Japón. La industria de la animación japonesa poco a poco va en decadencia y por ello los consumidores buscan nuevas formas de entretenimiento.

¿Mejorará la calidad de la animación en Dragon Ball Super para los próximos capítulos?

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