No hace falta brindar una breve sinopsis sobre la película. Y no es que no haya historia o tenga poca importancia. En este caso, hay que ver y escuchar lo que nos trae el director Gaspar Noe para darnos una idea de que trata Climax.

Con obras como “Irreversible” (2002) y “Enter the Void” (2009) Noé nos dejó claro cuál es su estilo con la cámara. Pocos cortes, movimientos que siguen a los personajes, psicodelia visual. Y es con su presente trabajo quizá, donde de forma más acertada logra su afán de convertir la forma en contenido narrativo. Solo que esta vez dio protagonismo a otro elemento: el baile.

El baile en Climax, como en general en el ejercicio de la danza, nos narra una historia, que inclusive se extrapola logrando transmitir todo un subtexto crítico de la sociedad contemporánea. No se requirió más que un salón de baile, lleno de bailarines moviendo sus cuerpos al rimo de la música electrónica, para representar tanto la vitalidad, como la decadencia de una sociedad de moral desquebrajada que sucumbe cada vez que los instintos primarios se despiertan.

El filme tiene momentos brillantes, logrados con un destacable uso de la iluminación y colores llamativos en medio de un caos alucinógeno entre  pasillos y salones adornados por figuras humanas moviéndose o retorciéndose de forma casi inhumana. Una casa de horrores, pero a la vez, un momento de libertad sin restricciones que pocas veces los seres humanos podemos arriesgarnos a sentir.  

Sin duda, esta propuesta es de las más originales del pasado 2018, se aleja completamente  de lo que estamos acostumbrados a ver en una sala de cine o en el sillón de nuestra casa. Aunque es posible que recalcar esto sobre, si hablamos de una película de Gaspar Noé.